La Leyenda del Horcón

 


🌩️ La leyenda del Horcón

Un relato de amor, traición y perdón contado junto al fogón

En las zonas rurales de América Latina —especialmente en las pampas, estancias y llanos— contar historias alrededor del fogón es una tradición ancestral. Muchas de esas historias son poemas narrativos populares que combinan sentimientos humanos intensos con imágenes poderosas y lenguaje sencillo. Una de las más conmovedoras es “La leyenda del Horcón”, un relato poético que ha circulado durante generaciones gracias a la tradición oral y a las grabaciones de payadores folclóricos.

 

🎙️ Origen y autoría del relato

Este poema se atribuye a Juan Pedro López, un payador uruguayo que vivió entre finales del siglo XIX y mediados del XX. Las payadas eran composiciones recitadas o cantadas acompañadas de guitarra, muy populares entre los gauchos del Río de la Plata, donde los poemas hablaban de la vida, el amor, la traición y los misterios de la existencia humana.

Juan Pedro López no solo fue un poeta popular, sino también uno de los más grabados de su tiempo, incluso por artistas famosos como Carlos Gardel, lo que ayudó a difundir muchas de sus composiciones fuera de las estancias rurales de Uruguay y Argentina.

 

📜 ¿De qué trata la leyenda?

La historia se sitúa en la estancia del Horcón, en un ambiente de lluvia, guitarras y reunión de gente al calor del fogón. Un anciano, movido por la emoción y la pena profunda, decide compartir un relato que ha guardado en su corazón por más de setenta años.

❤️ Amor, celos y destino

Todo empieza con la llegada de un joven apuesto a la estancia, que rápidamente se enamora de la hija del capataz y se casa con ella. Juntos tienen un hijo hermoso y amado por todos. La pareja vive feliz, hasta que la sombra de los celos se instala en el corazón del marido.


La duda lo consume. Fingiendo un viaje de trabajo, regresa a escondidas en la madrugada y encuentra a su esposa en brazos de otro hombre. Ciego de furia y dolor, actúa con violencia: asesina a su mujer y su amante, y luego los entierra cerca de un árbol que sería llamado el horcón

 

⚖️ El perdón como eje emocional

Lo más poderoso y conmovedor de esta leyenda no ocurre en el momento del crimen, sino muchos años después. El anciano confiesa lo sucedido frente a testigos, y al final revela que el hijo de esa pareja asesinada lo ha perdonado. El abrazo entre ambos, con llanto y reconciliación, representa una escena profundamente humana: el sufrimiento, la culpa y, finalmente, el perdón.

Esta escena no solo conmueve a los personajes dentro del relato, sino también a quienes escuchan la historia alrededor del fogón, generando —como cuenta el poema— un silencio imponente y lágrimas entre los oyentes.

 

🌿 ¿Qué es un “horcón”?

Un detalle curioso y significativo es el uso del término horcón. En muchas zonas rurales, un horcón es un palo o estaca con ramas en forma de “Y” que se usa para sostener estructuras o soportar ramas de árboles.

Horcón es una horca grande que usan los labradores. En América también es un madero vertical que, a modo de columna, sostiene vigas o aleros del tejado. (https://es.wikipedia.org/wiki/Horc%C3%B3n)

En el contexto de la leyenda, no solo es un lugar físico: se convierte en símbolo del lugar donde quedaron enterrados los restos de la tragedia y, con ello, de la herida interna que el protagonista ha llevado por décadas.

 

🤔 Más allá del relato: simbolismo y enseñanzas

Esta leyenda combina varios elementos que la hacen poderosa y memorable:

 

🪵 1. La tradición de la payada

El formato en décimas y la narración musicalizada provienen de la payada, una forma de poesía popular que no solo entretiene, sino también transmite valores y experiencias humanas compartidas por generaciones.

 



❤️ 2. El amor y los celos

La historia muestra cómo los sentimientos pueden transformar a las personas —para bien o para mal— y cómo las decisiones nacidas de la desconfianza pueden tener consecuencias devastadoras.

 

🕊️ 3. El perdón como acto de liberación

Aunque el crimen es terrible, el desenlace más importante ocurre cuando el hijo perdona al padre, liberándolo de la carga del dolor. Ese acto de reconciliación es el corazón emocional del relato.

 

🗨️ Una leyenda para reflexionar

“La leyenda del Horcón” nos recuerda que las historias no solo nos entretienen: nos conectan con emociones profundas, nos enseñan sobre la naturaleza humana y nos ayudan a reflexionar sobre el perdón, la culpa y la memoria.

¿Qué parte de esta historia te impactó más:
💔 el acto de traición,
🪦 la tragedia familiar,
o
🤝 el perdón al final?

 

🗨️ Compártelo en los comentarios y cuéntame qué otras leyendas de tradición oral te gustaría que exploráramos juntos.

 

La leyenda del Horcón

Llovía torrencialmente,

y en la estancia del Horcón,

como adornando el fogón,

estaba toda la gente.

Dijo un viejo de repente:

“Les voy a contar un cuento.

Aura que el agua y el viento

traían a la memoria mía

cosas que naide sabía

y que yo diré al momento.

 

Tal vez tenga que luchar

con más de un inconveniente

pa que resista la mente

el cuento sin lagrimear,

pero Dios, que supo dar

paciencia a mi corazón,

tal vez venga esta ocasión

a alumbrar con su reflejo

el alma del gaucho viejo

que ya le espera el cajón.

 

No se asusten si mi cuento

les recuerda en este día

algo que ya no podía

ocultar mi sentimiento.

Vuelquen todos un momento

la memoria en la pasao,

que allí verán retratao,

con tuitos sus pormenores,

una tragedia de amores

que el silencio ha sepultao.

 

Hay cosas que yo no puedo

detallar como es debido:

unas, porque se han perdido

y otras, porque tengo miedo;

pero ya que en el enriedo

los metí, pido atención,

que, si la imaginación

me ayuda en este momento,

conocerán por mi cuento

LA LEYENDA DEL HORCÓN

 

Alcancenmén un amargo

pa que suavise mi pecho,

que voy a dentrar derecho

al asunto, porque es largo;

haré juerza, sin embargo,

pa llegar hasta el final,

y si atiende cada cual

con espíritu sereno,

verán como un hombre güeno

llegó a hacerse criminal.

 

Setenta años quién diría

que vivo aquí en estos pagos,

sin conocer más halagos

que la gran tristeza mía;

setenta años no es un día,

pueden tenerlo por cierto,

pues si mis dichas han muerto,

aura tengo la virtud

de ser pa esta juventud

lo mesmo que un libro abierto.”

 

Iban a golpear las manos

por lo que el viejo decía,

pero una lágrima fría

les detuvo a los paisanos.

“Hay sentimientos humanos

-dijo el viejo conmovido-

que los años con su ruido

no borran de mi memoria,

y este cuento es una historia

que pa mi no tiene olvido.

 

Allá en mis años de mozo,

y perdonen la distancia,

sucedió que en esta estancia

hubo un crimen misterioso.

En un alazán precioso

llegó aquí un desconocido,

mozo lindo, muy cumplido,

que al hablar con el patrón

quedó en la estancia de pión,

siendo dispués muy querido.

 

Al poco tiempo nomás

el amor le picotió,

y el mocito se casó

con la hija del capataz;

todo marchaba al compás

de la dicha y del amor,

y pa grandeza mayor,

dios les mandó con cariño,

un blanco y hermoso niño

más bonito que una flor.

 

Iban pasando los años

muy felices en su choza:

ella, alegre y güena moza;

él, fuerte y sin desengaños.

Pero misterios extraños

llegaron… y la traición

deshizo del mocetón

sus más queridos anhelos,

y el fantasma de los celos

se clavó en su corazón.

 

Aguantó el hombre callao

hasta dar con la evidencia,

y un día fingió una ausencia

que jamás había pensao.

Dijo que tenía un ganao

que llevar pa la tablada,

que era una güena bolada

pa ganarse algunos pesos,

y así entre risas y besos,

se despidió de su amada.

 

A la una de la mañana

del otro día justamente,

llegó el hombre de repente

convertido en fiera humana;

de un golpe hechó la ventana

contra el suelo en mil pedazos,

y avanzando a grandes pasos,

ciego de rabia y dolor,

vio que su único amor

descansaba en otros brazos.

 

Como un sordo movimiento

en seguida se sintió;

después un cuerpo cayó,

y otro cuerpo en el momento;

ni un quejido ni un lamento

salió de la habitación;

y pa concluir su misión

cuando los vió difuntos,

los enterró a los dos juntos

allá donde está ese horcón.

 

En la estancia se sabía

que la ingrata lo engañaba,

pero a él naide le contaba

la disgracia en que vivía;

por eso la Polecía

no hizo caso mayormente,

pues dijeron: “La inocente

se jue con su gavilán…,

y en cambio, los dos están

descansando eternamente.”

 

-¡Ahijuna!-gritó un paisano-,

si es así lo que habla el viejo,

¡ése era un macho, canejo!

¡Yo le besara la mano!…

-Yo soy-le gritó el anciano-,

¡Venga, m’hijo, bésame!…

Yo fui, m’hijo, el que maté

a tu madre disgraciada,

porque en la cama abrazada

con otro hombre la encontré.

 

-Hizo bien, tata querido

-gritó el hijo sin encono-;

venga, viejo lo perdono

por lo que tanto ha sufrido;

pero aura, tata, le pido

que no la maldiga más,

que si jue mala y audaz,

por mí, perdónela, padre,

que una madre siempre es madre.

¡Déjela que duerma en paz!…

 

Los dos hombres se abrazaron

como nunca lo habían hecho;

juntando pecho con pecho,

como dos niños lloraron;

padre e hijo se besaron,

pero con tal sentimiento,

que el humano pensamiento

no pudo pintar ahora

la escena conmovedora

de aquel trágico momento.

 

Los ojos de aquella gente

con el llanto se inundaron,

y todos mudos quedaron

bajo un silencio imponente;

volvió a decir nuevamente:

-Allí están, en el horcón.

Y poniendo el corazón

el anciano en lo que dijo,

le pidió perdón al hijo

y el hijo le dió el perdón.


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